domingo, 10 de febrero de 2013

Día especial

Vivimos pensando en lo que haremos mañana. La juventud vive alimentándose del deseo de vivir ese fin de semana tan anhelado. Los jóvenes odian los lunes, pero se enamoran de los viernes; de ese olor especial. Vivimos pensando en lo que haremos cuando llegue ese día tan especial que está apuntado en la agenda desde hace meses.


Ignoramos el presente. Ignoramos esos días que llamamos normales. Ignoramos eso a lo que nos hacen odiar: rutina. Vivimos deseando algo que está por llegar, algo que no tenemos y que, no sabemos si podremos realmente disfrutarlo.



Ignoramos esos pequeños detalles del día día que tan aburridos encontramos. Ese paseo hacia el trabajo. Ese paseo en bus o en metro hacia el instituto o universidad. Pasamos por alto lo que realmente nos hace ser como personas. Despreciamos madrugar y volver a hacer lo mismo que el día anterior. El día a día, la rutina, todo ese entramado de pequeños detalles que se van repitiendo cada día es la vida misma; lo que nos hace ser de una forma o de otra. Esos días especiales son simplemente pequeños regalos para poder desconectar y dejar de ser, por un momento, nosotros mismos.



Esos días especiales son simplemente una vía de escape para huir de la carga que supone ser nosotros mismos día tras día. Odiamos la rutina, pero lo que realmente amamos y no lo sabemos, es repetir lo que nos hace sentir vivos. Ese paseo en bus hacia el trabajo; ese café con la misma persona cada día; esa llamada telefónica ... Todos estos pequeños detalles, llenos de vida, conforman nuestra vida. Y no olvides que para anhelar y desear algo que está por llegar, primero tienes que aprender a saber disfrutar de lo que ya has logrado.

jueves, 31 de enero de 2013

Ese caramelo de fresa

Llega un momento en que rompes con todo lo rompible y decides dar el paso hacia delante, esa paso que tanto miedo te ha dado hacer siempre. Por mucho que lo pensaras, no te atrevías a caminar hacia adelante con la frente bien alta. Sabías que tenías que hacerlo, pero por miedo a perder eso que creías que te hacía feliz en el presente, siempre posponías empezar a valorarte a ti mismo y empezar a andar y dar el primer paso.

La vida no se trata de tener lo que queremos; la vida se trata de tener lo que realmente necesitamos, a pesar de que no nos guste o  de que no nos plazca en el presente. La vida no es un caramelo de fresa que le damos a esos niños llorones para que se callen. Estos caramelos de fresa no tienen que ser parte de nuestro ser. 


Siempre que hacemos un paso, tenemos que mirar dónde vamos a pisar en el futuro para así, no cometer errores previsibles. Ese caramelo de fresa podría ser muy dulce al principio y nos endulzaría nuestro presente irreal, pero esa dulzura creada por falsas imaginaciones terminaría volviéndose oscura como realmente es y ha sido siempre.

Tenemos que aprender a diferenciar lo que necesitamos del que queremos. Poseer lo que queremos no es siempre felicidad, distinguir y aceptar lo que necesitamos y conseguirlo crea felicidad,  y saber crear felicidad es haber descubierto el secreto de la vida.

domingo, 7 de octubre de 2012

Crecer es aprender a despedirse

Nacemos y no nos damos cuenta, pero nos han dado el mayor regalo posible: una vida. Una vida llena de posibilidades, oportunidades y momentos que dibujaremos con el paso del tiempo. Una vida llena de ilusión, esperanza, y sobretodo, una vida llena de vida.

El paso del tiempo nos marchita. Crecer significa dejar atrás ciertas partes de nuestras vidas que ya nunca más volveremos a vivir; simplemente, por arte de magia, se terminan conviertiendo en cosecha del pasado. Crecer implica ciertos riesgos y dificultades y, la mayor de éstos, es aprender a decir 'Adiós'.

La importancia de saber decir 'Adiós' es esencial en el crecimiento de toda vida. Crecer es aprender a despedirse. Es asimilar que hay cosas y personas que no estarán ahí para toda la vida. Que, como dicen algunos, es el ciclo de la vida; unos llegan y otros se van marchitando y, finalmente, nos dejan. 

El paso más duro en toda vida es saber decir 'Adiós' a aquello que en un momento de tu existencia creías que sería eterno, para toda la vida. Entre lágrimas y llantos tienes que aceptar que el 'Adiós' forma parte de tu vida, de tu regalo. 

Aunque en un principio todo nos parezca negro y sombrío, en un futuro tendrás la oportunidad de dar la bienvenida a otras nuevas vidas que formarán parte de ti: hermanos pequeños, primos, hermanas, amigos...  Y será en ese momento cuando, entre sonrisas y lágrimas de felicidad, les contarás como una vez dijiste 'Adiós' a esas personas que eran el secreto de tu felicidad.

martes, 25 de septiembre de 2012

El tiempo

Vivimos pensando en las cosas que nos faltan y que no tenemos. Nos quejamos de que no tenemos dinero para comprar un objeto o una prenda de ropa. Lloramos porque no podemos tener ese aparato electrónico de última generación. Ansiamos poder comprarnos esos zapatos nuevos que tanto queremos para poder lucirlos por la calle y que la gente se te quede mirando y observando tus magníficos zapatos.

Lloramos por la falta de dinero; por el dinero que no podemos tener porque o bien no somos ricos o simplemente hemos nacido en una familia de clase media, media baja. Nos quejamos de lo que tienen los otros, ansiamos la posesión de los que viven a nuestro alrededor. Buscamos lo que no tenemos y pasamos por alto lo que ya poseemos.

Poseemos tiempo. El tiempo es el don y la bendición más grande que se nos ha dado. El tiempo son nuestras fichas para poder apostar en las cartas que se nos han repartido cuando nacimos por primera y última vez. Poseemos tiempo finito que tiene data de caducidad, pero esta pequeña posesión la pasamos por alto. No caemos en el pequeño detalle que la cosa más importante que se nos ha regalado es la que realmente ignoramos.

Vivimos como si fuéramos a vivir para toda la vida. No le damos importancia a los segundos ni a los minutos. No le damos importancia al hoy; un día más regalado. No le damos importancia al mañana, tiempo que está por venir. Siempre buscamos lo que no tenemos y pasamos por alto lo más importante que ya tenemos: tiempo para vivir. Cada segundo es oro reluciente que vale mucho más que cien millones de zapatos o mil millones de aparatos electrónicos de última generación. La bendición de poder haber nacido es el regalo más grande que se te ha concedido, por eso, no lo malgastes. Vive cada instante, cada milésima de vida.

lunes, 17 de septiembre de 2012

La importancia de decir 'gracias'.

Se termina un día más. Se termina otro sueño que probablemente no se haya cumplido. Nos vamos a la cama esperando que mañana empiece un día más. Cerramos los ojos con la esperanza de volver a abrirlos en apenas unas horas. Nos vamos a dormir sin caer en el pequeño detalle que alguien, en su omnipotencia, ha decidido regalarnos otro día. Otra oportunidad para poder seguir disfrutando de nuestras pequeñas cosas, de nuestros pequeños detalles que marcan la diferencia.

Nos vamos a dormir sin dar las gracias por haber tenido la oportunidad de volver a vivir solo un día más. Cerramos los ojos, empezamos a dormirnos y caemos en el reino onírico donde nuestra realidad tan irreal se vuelve real y posible. Cerramos los ojos y esperamos volver a despertarnos. Siempre nos vamos a la cama dando por seguro que vamos a poder abrirlos dentro de unas horas más, cuando la realidad está lejos de la verdad, ya que puede que llegue el día cuando no los vuelvas a abrir nunca más. 

La importancia de decir 'gracias' supone la satisfacción con uno mismo. Que alguien nos regale otro día más, supone que somos agraciados ya que cada día, miles de personas dejan este mundo. Miles de personas se van a la cama esperando volver a abrir los ojos cuando ya los han cerrado para siempre.

Cada segundo cuenta y no sabemos cuál es el segundo que marca la diferencia, por eso, vívelos todos del mismo modo para saber sacar el jugo de la vida.

Ese café que tomamos o que dejamos de tomar


Nuestras acciones son lo que nos definen. Nuestras palabras son simplemente el entrante con el cual empezamos a alimentar a nuestros seguidores. Pero es el plato fuerte, el plato que llena, el que termina de alimentar las esperanzas de los demás.

Lo que hacemos es lo que nos define a cada uno. Tenemos que ser responsables de nuestras decisiones, pero mucho más importante, tenemos que ser responsables de las consecuencias que acarrean dichas decisiones tomadas en momentos exactos de nuestras vidas.

No somos lo que comemos, somos lo que decidimos  comer. Tomar un café o dejar de tomarlo puede cambiar tu vida. Coger el autobús número 23 o esperarte al 30 puede suponer el mayor cambio en tu existencia. Leche desnatada o leche entera o ... semidesnatada pueden suponer el mayor proceso de cambio en tu vida y en las vidas de los seres que te quieren.

Así pues, no sabemos qué nos deparará el segundo siguiente, por eso, por esa razón, la vida es una caja de sorpresas. La vida es una sorpresa continua que no deja de sorprendernos a cada segundo que pasa. Lo único que nos deja hacer pues es simplemente disfrutar de cada segundo que la Vida nos ha decidido regalar ya que no sabemos ni cuándo, ni cómo, ni por qué terminará.

domingo, 19 de agosto de 2012

Valorar lo que perdimos

Nos vamos a la cama sin pensar si vamos a despertar el día siguiente. Nos vamos a la cama sin valorar cómo nos ha ido el día. No valoramos nada de lo que tenemos hasta que una brisa nos lo pone en jaque. Nos vamos a la cama sin haber pensado y valorado todo lo que nos ha pasado durante un día.

Caemos rendido ante el dios de los sueños y esperamos, por arte de magia, volver a abrir los ojos el día siguiente. Volvemos a abrirlos y no decimos ni gracias. No caemos en el pequeño detalle que alguien, porque ha querido, ha decidido regalarnos otro día. Otras 24 horas. Ha decidido darnos, otra vez, la oportunidad de seguir disfrutando de esta bonita experiencia que se hace llamar vida. 

Vivimos como seres inmortales; nos creemos dioses de nuestras vidas. Creemos que tenemos el control absoluto de todas nuestras decisiones. Cuando la verdad es mucho más divertida. No controlamos ni el café que nos tomamos para desayunar. Ese café que tomas o dejas de tomar, puede cambiarte la vida, para bien o para mal. Nosotros nos creemos que somos dueños de nuestras decisiones cuando simplemente somos meros esclavos de las consecuencias de nuestros actos y acciones.

Vivimos como si fuéramos inmortales sin darle importancia a las pequeñas cosas de la vida. Esas pequeñas cositas que pasamos por alto: esa caña con ese amigo que crees que lo tienes aburrido de tanto verle, pero que si te lo quitaran, llorarías su perdida como ese bebé que llora la ansiada leche de su madre como alimento. Esa caña con nuestros amigos, esa cena de los viernes, ese paseo por el parque con tu pareja, ese beso que tanto ansiabas la primera vez y que ahora, ya no le das ni la mitad de importancia. 

Vivimos sin conocer el valor de las cosas, somos tan tontos que necesitamos perderlas para entonces empezar a valorarlas. No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y así ha sido siempre. El ser humano es así de simple; siempre tropieza con la misma piedra y le cuesta aprender. Si valoráramos lo que tenemos desde el inicio, nuestras vidas tendrían un sentido lleno y completo porque si realmente valoras lo que tienes, no te hace falta nada más para continuar adelante.